Swan’s Elegy

Jaime Manrique

translated by Eugene Richie

for Grace Schulman

Lounging in a beach chair
I am moved by the meekness of the ocean,
the distances it has traveled
to unfold in frothing ringlets by my feet.
At high tide, rippling iridescent serpents
form under the aquamarine skin.
The sky is a luminous scarlet arch;
the spring sunset, a perfect cliché.
In the warm glow of the setting sun,
the images are serene, gentle, stripped of all haste—
the hush of this supple silence
makes me close my eyes,
and the old white swan
I saw yesterday in the twilight appears.
I see it crane its neck toward the sky
opening its beak ever so briefly
to puncture my heart
with its desolate song.
In the gathering darkness
I hear the desperate fanning of its ruffled feathers
as it sails toward the magenta shroud of its fate.


Elegía al cisne

para Grace Schulman

Recostado en una silla playera
me conmueve la humildad del océano,
las distancias que ha recorrido
para desdoblarse en rizos espumosos a mis pies.
En la pleamar, iridiscentes serpientes ondulantes
se forman bajo la epidermis aguamarina.
El cielo es una resplandeciente bóveda escarlata;
el atardecer primaveral, un clisé perfecto.

En el caluroso resplandor del sol poniente,
las imágenes son serenas, apacibles, despojadas de toda urgencia.
La paz de este dócil sosiego
me induce a cerrar los ojos,
y el viejo cisne blanco
que contemplé ayer en el crepúsculo aparece.
Lo veo lanzar su cuello hacia el cielo,
abriendo su pico brevemente
para agujerear mi corazón
con un canto desolado.
Y, en la oscuridad circundante,
escucho el desesperado abanicar de sus plumas despeinadas
cuando zarpa hacia la mortaja purpúrea de su suerte.


More by Jaime Manrique

Images

translated by Edith Grossman

I’ve spent a whole afternoon looking at photographs.
I’ve accumulated so many in my life—
but there are two in particular that interest me.
Both are sepia by now, I don’t know where
they were taken, and I’m not in either of them.
The first is a classic composition
of nine people. My mother’s family.
My grandparents, two uncles, four aunts,
and a woman I don’t know or have forgotten.
The women sit on the ground,
the men stand behind them
except for my Aunt Aura, who holds onto
my grandfather with one hand and with the other
caresses my uncle’s shoulder.
Even in this photo of her when she was young—caramel skin,
dark eyes, dark hair, even more beautiful through the sepia,
and wearing a two-piece bathing suit:
the same as a bikini in the 1940s—
one could guess at her boldness.
They’re all in bathing suits and most
try their best smiles.
I don’t know who took this picture,
and studying their faces, I try to see
what they were thinking, what they hoped for from their lives.
My grandmother, despite her twelve children
(or perhaps because of them), smiles
from right to left, like a giant sunflower.
My grandfather seems to contemplate the infinite, as handsome
as a gray ox; and my Aunt Emilia in her braids
seems to sense the sadness of life.
I’m sure I wasn’t born yet.
But even if I were already an adult,
could I have helped them with what I know now
about their lives? Could I have predicted their successes,
their failures—could I have prophesied their deaths?
Their slender, healthy bodies.
the men with the look of swordsmen—
I feel nostalgia when I look at this photograph.
So much energy in their stance!
When did they stop boxing with life?
In which round did they concede defeat?
When did the sound of the bell make them sense the immutable?
There’s no way to take them out of the snapshot,
to know what they were thinking just then.
This is my past, these are my roots,
but as I look at it again on this rainy afternoon,
why can’t I arrange everything into a coherent scene?


Imágenes

He estado toda una tarde estudiando las fotos.
He acumulado tantas en mi vida—
pero hay dos particularmente que me interesan.
Ambas son ahora color sepia, y no sé dónde
fueron tomadas y yo no estoy en ninguna de ellas.
La primera foto es una composición clásica
de nueve personas. Esta es la familia de mi madre.
Mis abuelos, dos tíos, cuatro tías
y una mujer que desconozco o he olvidado.
Las mujeres están sentadas en el suelo,
los hombres de pies detrás de ellas
excepto por mi tía Aura, quien con una mano
agarra a mi abuelo y con la otra
acaricia el hombro de mi tío.
Ya en esta foto de juventud—piel color caramelo,
ojos y cabellos oscuros, más hermosos sobre el sepia—
(vestida con traje de baño de dos piezas:
el equivalente de un bikini en los años cuarenta)
uno podría deducir su naturaleza intrépida.
Todos están en trajes de baño y la mayoría
trata de sonreír de la mejor manera.
Yo no sé quién tomó esta foto,
y escrutando estos rostros, trato de averiguar
qué pensaban ellos, qué esperaban de sus existencias.
Mi abuela, a pesar de sus doce hijos
(o tal vez a causa de ello), sonríe
de derecha a izquierda, como un girasol gigante.
Mi abuelo parece escrutar al infinito, hermoso
como un buey gris; y mi tía Emilia, con sus trenzas,
parece intuir la tristeza de la vida.
Estoy seguro que para esa época yo no había nacido.
Pero aún si ya hubiera sido adulto,
¿podría ayudarlos con el conocimiento que ahora tengo
de sus vidas? ¿Podría haberlos prevenido de sus éxitos,
de sus fracasos—podría haber profetizado sus muertes?
De cuerpos esbeltos y sanos,
los hombres con sus figuras de esgrimistas—
siento nostalgia al mirar esta foto.
¡Cuánta energía irradia de sus poses!
¿En qué momento dejaron de boxear con la vida?
¿En qué asalto se dieron por vencidos;
en cuál campanada intuyeron lo inmutable?
No hay nada qué pueda hacer para sacarlos de esta foto,
ni para saber qué pensaban ellos en ese instante.
Éste es mi pasado, éstas mis raíces,
pero al revisarlo en esta tarde lluviosa
¿por qué no logro organizarlo en una escena coherente?

The Sky Over My Mother’s House

translated by Edith Grossman

It is a July night
scented with gardenias.
The moon and stars shine
hiding the essence of the night.
As darkness fell
—with its deepening onyx shadows
and the golden brilliance of the stars—
my mother put the garden, her house, the kitchen, in order.
Now, as she sleeps,
I walk in her garden
immersed in the solitude of the moment.
I have forgotten the names
of many trees and flowers
and there used to be more pines
where orange trees flower now.
Tonight I think of all the skies
I have pondered and once loved.
Tonight the shadows around
the house are kind.
The sky is a camera obscura
projecting blurred images.
In my mother’s house
the twinkling stars
pierce me with nostalgia,
and each thread in the net that surrounds this world
is a wound that will not heal.


El cielo encima de la casa de mi madre

Es una noche de julio
perfumada de gardenias.
La luna y las estrellas brillan
sin revelar la esencia de la noche.
A través del anochecer
—con sus gradaciones cada vez más intensas de ónix,
y el resplandor dorado de los astros, de las sombras—
mi madre ha ido ordenando su casa, el jardín, la cocina.
Ahora, mientras ella duerme,
yo camino en su jardín,
inmerso en la soledad de esta hora.
Se me escapan los nombres
de muchos árboles y flores,
y había más pinos antes
donde los naranjos florecen ahora.
Esta noche pienso en todos los cielos
que he contemplado y que alguna vez amé.
Esta noche las sombras
alrededor de la casa son benignas.
El cielo es una cámara oscura
que proyecta imágenes borrosas.
En la casa de mi madre
los destellos de los astros
me perforan con nostalgia,
y cada hilo de la red que circunvala este universo
es una herida que no sana.

Mambo

(Skip to the original poem in Spanish)

translated by Edith Grossman

Against a topaz sky
and huge windows starry 
with delirious heartsease
and sensual red cayenne;
the sweet twilight breeze
fragrant with almond and Indian orange;
on the Moorish tiles,
wearing their spike-heeled shoes,
lowcut dresses and wide swirling skirts;
their long obsidian hairdos
in the style of the time;
perfumed, olive-skinned, smiling,
my aunts danced the mambo
and sang: "Doctor, tomorrow, 
you can't pull my tooth
even if I die of the pain."

those evenings of my childhood
when my aunts were young and belonged to me,
and I danced hiding in their skirts,
our lives were a happy mambo—
I remember.

Contra un cielo topacio
y ventanales estrellados
con delirantes trinitarias
y rojas, sensuales cayenas;
el fragante céfiro verpertino
oloroso de almendros y azahar de la India;
sobre las baldozsas de diseños moriscos,
con zapatillas de tacón aguja,
vestidos descotados y amplias polleras;
sus largas, obsidianas cabelleras
a la usanza de la época;
perfumadas, trigueñas, risueñas,
mis tías bailaban el mambo
canturreando, "Doctor, mañana
no me saca ud. la muela,
aunque me muera del dolor."

Aquellas tardes en mi infancia
cuando mis tías eran muchanchas y me pertenecían,
y yo bailaba cobijado entre sus polleras,
nuestras vidas eran un mambo feliz
que no se olvida.